Opinión Control Político

10/07/2020

Tragedia en Tasajera, el reflejo de lo que somos

Hace mucho tiempo no veía imágenes que me impactaran tanto como las de la tragedia de Tasajera. Decenas de seres humanos en llamas, con su piel colgando, otras que mostraban los restos de cadáveres incinerados es algo que no he podido borrar.

Muchas veces me pregunto por qué al caído, caerle. Tasajera, Magdalena, uno de los pueblos más pobres y arrasados por la desigualdad de la Costa Caribe nos entregó esas imágenes, dejando hasta este momento que escribo la columna 26 muertos, más de 50 heridos (20 en estado crítico), casi todos con entre el 80 y 90 por ciento de su cuerpo con quemaduras, y varios con Covid-19.

Y más triste que el accidente fue leer decenas de comentarios en las redes sociales justificando lo que les sucedió “a esos costeños”. Es decir, esas regiones olvidadas del país no solo tienen que aguantar la desigualdad, pobreza absoluta, abandono estatal, carreteras sin autoridad y con jugosas concesiones, concentración de la riqueza en pocas personas (especilmente en uno) y una democracia decadente, sino también la estigmatización de aquellos que a eso del medio día, mientras esperaban un rico almuerzo, muy cómodos en sus casas, trinaban sobre sobre lo divino y humano sin que hubiera lugar para la misericordia.

Eso sin contar los que dijeron que “por ser costeños fue que se murieron”, como si valieran menos. Frases que reflejan la sociedad de mierda que somos y que seremos. Parece que no les conmoviera la realidad de esas familias y su sufrimiento. Leo en prensa que en una familia 12 de sus miembros están entre los heridos y muertos de esa tragedia, pero no. ¡Nada! Por estar saqueando fue que les sucedió eso, ¿verdad?

Hay una realidad muy cómoda de la que es fácil opinar desde las redes sociales y mientras estamos sentados en el sofá de nuestra sala viendo noticieros. 

Lo que se vive en ese pueblo del Magdalena, como en muchos otros de la Costa Caribe, es el resultado de la combinación de varios factores que llevan a que esas personas pasen hambre, no tengan educación y pierdan el sentido común cuando llegan a robar gasolina a un camión que se volcó.

Eso pasando por el olvido estatal, carreteras sin autoridad y todo lo que mencioné anteriormente. Hace décadas esa región del país era próspera, vivían de la pesca especialmente, pero después de la década de los 60, con el comienzo de las grandes concesiones de carreteras, la ambición de grandes terratenientes y luego en los 80 y 90, cuando los paramilitares desplazaron a miles de familias, toda esa zona fue condenada al olvido y a la pobreza.

Tanto así que en pleno 2020 el 95 por ciento de esa población no tiene agua potable, el 1 por ciento accede a la educación superior y solo el 24 termina el bachillerato. 

Esa es la situación de la periferia de la Ciénaga Grande de Santa Marta. Por eso invito a los que aún no se han quitado las gafas a que lo hagan, pues más que opinar es entender que la realidad, la verdadera realidad del país, va más allá de los centros comerciales y las zonas rosas de las ciudades.

 

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