Lo que pasa en el Caribe, pasa en el centro
Lo que pasa en el Caribe, pasa en el centro

El Atlántico ha sido desde siempre la cuna de los fenómenos políticos progresistas del país. Desde la época de Jorge Eliécer Gaitán, quien en 1947 conquistó seis curules en la asamblea departamental y llenó en tres ocasiones el emblemático Paseo Bolívar durante su campaña presidencial; pasando por la popularidad de la ANAPO que consiguió en este departamento el 31% de los votos que sacó Gustavo Rojas Pinilla en las elecciones presidenciales de 1970 y las de 1974, donde resultó electo Alfonso López Michelsen gracias a la fuerza del MRL en el Caribe; hasta el nacimiento del Movimiento Ciudadano que, de la mano del M-19 y en un momento de hastío por la clase política tradicional, logró llevar a la Alcaldía de Barranquilla a Bernardo “el cura” Hoyos en dos ocasiones y le abrió camino al liderazgo de guerrilleros desmovilizados, representantes sociales y otros militantes de la izquierda.

Esta herencia aún se puede ver reflejada en el acontecer político del departamento. No en vano los últimos tres gobernadores han sido liberales y Uribe siempre ha considerado que Barranquilla es “su novia esquiva”, la “difícil de conquistar”.

En términos políticos el Caribe siempre ha marcado una tendencia que después se reproduce en el resto del país. Y es que resulta innegable la importancia electoral de los siete departamentos de la región, los cuales reúnen 7.6 millones de personas habilitadas para votar –y 4.2 millones de votantes según los resultados del 11 de marzo–. De ahí a que cada cuatro años salga a relucir la expresión “la costa pone presidente”, como sucedió en las elecciones de 2014 cuando el apoyo de las casas políticas de la región fue decisivo en la reelección de Juan Manuel Santos, luego de ser derrotado en primera vuelta.

Hoy las encuestas indican que el Caribe es territorio de Gustavo Petro, quien podría acaparar buena parte del electorado costeño. Sin embargo, estas mediciones no muestran la influencia de la maquinaria en los comicios que, representanda por las principales casas políticas, respalda la candidatura de Germán Vargas Lleras y lo favorecerían en términos de votos. Así que el fenómeno que se logre imponer en el Caribe será el que se replique en el resto del país.

¿Y el uribismo? Más allá de las pequeñas bases del Centro Democrático en Córdoba y Bolívar, Iván Duque seguirá rogando por conquistar el amor electoral de su “novia esquiva” –el mismo que Uribe no pudo conseguir–, pero las encuestas no le auguran éxito en esa tarea y la historia política de la Costa no es favorable para los candidatos de derecha.

Columna del senador en Kien y Ke

Publicado: 2018-05-10
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