La U irá mas allá de lo que nunca fue en compromisos por la paz
La U irá mas allá de lo que nunca fue en compromisos por la paz

Lo primero que quiero decir en la mañana de hoy es que llegó la hora de reconocer que el proceso de paz fue un proceso serio, audaz, inteligente, perseverante y tranquilo. No en balde los observadores internacionales lo destacan como uno de los procesos de paz mejor logrados de toda la historia de la humanidad.

A pesar de eso, con mucha frecuencia escuchamos a quienes nos advierten de los riegos y peligros del posconflicto.  Que no tendremos una paz automática y mágica, y que otras formas de violencia perturbarán nuestro acontecer inmediato.  Unas voces de pesimismo que insisten en proponernos que evitemos la paz so pretexto de no padecer el posconflicto.

Si bien hay algo de cierto en que la paz es un logro social y político complejo que hay necesidad de construir una y otra vez, no es menos cierto que una sociedad sin paz es una sociedad fallida, un organismo social que suprimió uno de los presupuestos ineludibles de todo pueblo, de todo organismo social, de toda institucionalidad política.

Es por eso que quero dejar claro que la guerra no es una opción de seguridad y de estabilidad social.  La guerra es una perversión, un fracaso, una perdida de sentido para los pueblos, las naciones, los Estados.  La guerra infinita, la guerra como sustituto de las cohesiones de la paz es solo un disparate, un esfuerzo por encubrir el fracaso de la organización política, de la reconciliación, de la democracia y de la vida.

Ahora, ¿cuál es la posición de mi partido? El partido de la U irá mas allá de lo que nunca fue, en términos de compromiso por la paz.  Para ganar por diferencias enormes el plebiscito.  Para custodiar e impulsar lo que falta del proceso.  Pero sobretodo para encontrar en la igualdad, en la superación  de todos los déficits democráticos, en la redención de la política, en las imperiosas reformas electorales que habrá que realizar, las claves de un futuro estable y prometedor. Ahora mas que nunca la U será el partido de la paz.

Frente al tema del plebiscito, debo decir que el acto refrendatario escogido, además, es el único posible. Cualquier otra solución (Constituyente, referendo  de 50 preguntas a los electores, mecanismos ordinarios y extraordinarios para reformas constitucionales múltiples) demandarían tiempos generosos poco compatibles con las particularidades del proceso y las urgencias de la paz.  Sería bochornoso lograr un acuerdo en La Habana que no pudiera implementarse ni total ni parcialmente, por el prurito de complacer a unos críticos que todavía no se impacientan con la prolongación de la guerra.

He sostenido en otros escenarios que nunca consideré que fuese impensable prescindir del acto de refrendación popular de los acuerdos de La Habana. Sin perjuicios de la complejidad y dificultad esencial de esas negociaciones y de los acuerdos que se logren, y de conformidad con las resignaciones que las democracias directa o representativa suscitan, creo que la consecución de la paz para un conflicto de más de 5 décadas de historia es un hecho transcendental, cuya legitimidad y sentida necesidad no derivan de responder en urnas una pregunta o más sobre los contenidos del acuerdo.

Ya debo decir hoy aquí que tengo dos certezas absolutas: que el proceso culminará en un acuerdo justo, inteligente y eficaz. Y la segunda es que el plebiscito recibirá un amplio, un contundente respaldo popular. Tal cual como deben ser las cosas cuando son verdad, cuando son plausibles, cuando buscan y encuentran el camino de la reconciliación, el perdón y la no repetición de políticas homicidas. Al fin y al cabo tal vez este país no sea el país delirante, esquizofrénico y peligroso que esta guerra interminable sugirió que éramos. El proceso de paz, acéptemelos, no tiene más enemigos que aquellos que habrían querido proponerlo y hacerlo ellos realidad. Y ese es, no obstante algunas mezquindades, un pecado venial perfectamente comprensible.

Por último, prueba de esa mezquindad es que se oponen a unos acuerdos que benefician a todos los colombianos, a unos puntos mínimos y básicos que por los horrores de la guerra no hemos sido capaces de realizar como sociedad ni como Estado Social de Derecho. Por ejemplo, y permítanme leerlos porque quiero decirlos tal cual como los ha publicado el Gobierno:

¿Quién puede oponerse a que se haga una actualización y modernización del catastro rural, y que el uso de la tierra concuerde con su vocación; a que se protejan las áreas de especial interés ambiental; o que se desarrollen planes para fomentar la economía familiar y solidaria, y para facilitar la comercialización de los productos campesinos; y se cree un sistema especial de alimentación y nutrición y así erradicar el hambre en el campo colombiano? Eso, tal cual, está en el punto de reforma agraria

¿Quién se puede oponer a que se fotalezcan los mecanismos para promover la transparencia en los procesos electorales y promover una mayor participación electoral; o que se expida un estuto de la oposición que hace años estamos esperando; y que se promueva la participación e incidencia de las comunidades en los procesos de planeación territorial y regional? Esos puntos, así como los he leído, están en el acuerdo de participación política.

O ¿a qué colombiano se le ocurre oponerse a la creación de una Unidad para la Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas, tal y como se acordó en el punto de víctimas?

Publicado: 2016-08-22
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