Estamos olvidando el sufrimiento de niños y adolescentes por el matoneo
Estamos olvidando el sufrimiento de niños y adolescentes por el matoneo

Yo quiero, antes que nada, lamentar que estemos haciendo este debate, deriva de otro que con igual o peor intensidad han venido haciendo nuestros compatriotas en los púlpitos, los medios de difusión masiva, en los hogares y en las calles.

Y no lo lamento por las delicadas implicaciones que sugiere y estimula, sino porque este ha sido planteado mediante multitud de elementos de impertinencia e inoportunidad.

El que estemos en plena campaña electoral, una que, aunque no se haya iniciado, es mucho más esencial y problemática que las que eligen, en rutinas de la liturgia electoral, entre unos y otros candidatos a cuerpos colegiados o elecciones uninominales, plantea la primera impertinencia. Nadie escogió esa no –oportunidad. Simplemente ocurrió así y tal vez sea inútil lamentarlo.

Lamento, también, que las primeras fricciones resultaran creando una confusión que después se convertiría en tensiones irreductibles, y el gobierno terminara apresurando opiniones que de alguna manera podrían dificultar el pleno ejercicio de los derechos que la Corte Constitucional ha reconocido nítidamente.

Luego de estas breves precisiones tal vez corresponda agregar, que no obstante cierto lenguaje desenfadado y pugnaz, los contenidos del documento de la ONU y otros colectivos no descubrían la pólvora. Son apenas derivas de fallos de la Corte Constitucional. Y estos, a su vez, desarrollos de la Constitución de 1991. Digámoslo de una vez: es la Constitución y no la ministra la que planteó unos temas que bien podrían suponerse como parte de eso que ahora despectivamente llaman “ideologías de género”.

De tal manera que son esa conquistas, en lo que hace a la identidad sexual de las personas y la  libertad a escoger una identidad sexual, lo que sale lastimado de este debate tumultuoso! Como lo anticipa un interesante texto de La Silla Vacía, estos alborotos podrían estimular a los sectores más radicales a empequeñecer, mutar o extinguir los resultados jurisprudenciales de nuestro Tribunal Constitucional.

Así planteado desde la Constitución y los fallos del Tribunal Constitucional, parecería que el asunto resulta menos controversial. De hecho la Constitución cumplió ya 25 años y muchos de los fallos sobre el particular tienen una década o más. Para eso no hace falta más que recabar el derecho a la igualdad y a la libertad personal para imponer a los colegios su adecuación a los postulados constitucionales.

El pensamiento reaccionario es casi siempre radical. Exagerado, dogmático y pugnaz. Aun así fallos como el matrimonio del mismo género o la adopción por parejas del mismo género provocó reacciones vigorosas que, sin embargo, no alcanzaron los niveles de odio, exclusión y pérdida de toda compostura de las que concurrieron al debate que nos ocupa.

Pero lo que más lamento es que este debate omita toda referencia al sufrimiento que los niños y adolescentes deben soportar por las infamias de la exclusión, la desigualdad, la humillación y el desprecio.

De modo que desde el punto de vista de la ética, es decir sin necesidad de desarrollos constitucionales, sin jurisprudencia, sin postulados religiosos, no se puede opinar sobre el tema soslayando olímpicamente la dimensión del sufrimiento inflingido a esos niños a quienes tan precozmente se les condena a unas angustias que no comprenden por una situación de la cual no son responsables.

Ser cristiano es asumir esa norma difícil y enigmática del Levítico! amar al prójimo como a nosotros mismos. Amar a otro que no es similar a sí mismo. Ya lo decía hermosamente Levinas: “El mayor desafío consiste en pensar el otro sin concebirlo como uno mismo”

A la postre los derechos humanos son los derechos del otro. Los anteceden y los inspiraron. No somos cristianos si no reconocemos el sufrimiento del otro y si nos resultan indiferentes las tragedias interiores tremendas de quienes son ofendidos y excluidos. No somos cristianos si podemos deshacernos del otro, si tratamos al diferente, al homosexual, al trans, a los de color, al que profesa otra fe como un no-sujeto.

Ministra: usted sabe que hemos tenido diferencias múltiples. Pero estoy con usted. El hecho de que usted tenga una identidad sexual cualquiera no la inhibe de comprender y compadecer al otro. Ni deshacerse de sus catástrofes más íntimas y sentidas, Cuente con mi apoyo vertical y sin remilgos. Creo en las cosas que usted cree. Me cuento, la cuento a usted, en los ejércitos de la compasión y la solidaridad.

Y estamos  lejos, bien lejos, de sujetos como el Cardenal Cañizares, Obispo de Valencia, quien  apenas ayer proclamara desde el pulpito estar “en contra de las leyes que propugnan la igualdad entre hombres y mujeres” (….) e invitaba a desacatar “la ideología más insidiosa de toda la historia de la humanidad”. El Obispo terminaba su epístola equiparando esa ideología con el nazismo (!!!)

No sé si Dios dispuso la identidad sexual. Tampoco si hay construcciones históricas y culturales que las crearon o las desarrollaron. Ambas me son indiferentes  para una sola cosa: No es posible imaginar que los dioses no se conmueven con el sufrimiento que se procura, con crueldad indecible, a criaturas inocentes y vulnerables.

Un lamento final: Virginia Woolf, quien desde las antípodas del Cardenal Cañizares creía que la mujer era mejor porque no hacia ni entendía la guerra, escribió que esta era “una abominación, una barbaridad”. Que feo que se haya banalizado y mentido para convertir el debate en una oportunidad contra la paz. Susan Sontag creía “que la guerra rompe, destripa, abrasa, desmembra, y arruina” Que horror que convirtamos el miedo y el odio a la paz, si, el odio a la paz, en una oportunidad para impedirla. Tal vez sea imposible abolir la guerra. La historia lo demuestra. Pero creemos que vale la pena impedir el genocidio, la tortura y la violación de las reglas de la guerra. La primera de las cuales es no desearla, auspiciarla ni mentirla. Entre otras, porque “la violencia convierte en cosa a quien está sujeto a ella”.

Publicado: 2016-08-16
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